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La emergencia en el sistema público de educación en Puerto Rico

Por: Carlos Rodríguez Silvestre
Director ejecutivo de la Fundación Flamboyán

La declaración de un estado de emergencia en educación anunciada por el gobernador Pedro Pierluisi nombra lo evidente. En los pasados tres años, la educación de nuestros estudiantes sufrió tres interrupciones, en el 2017 por los huracanes Irma y María, en enero del 2020 por los terremotos y, meses después, por la pandemia del COVID 19. Esto sin contar los trastoques por el cierre de 400 escuelas en los últimos cuatro años. Hay estudiantes en Puerto Rico que perdieron un total de 159 días lectivos – prácticamente un año escolar completo – por estas crisis.

Aunque es necesario que se atiendan las condiciones físicas de las escuelas – edificios en práctico desuso durante un año- y se agilicen las medidas para recibir presencialmente a los estudiantes, este es solo un componente por atender.

Entendemos la importancia de cuidar la salud física de estudiantes y maestros tanto como la necesidad de que los estudiantes comiencen a recibir clases de manera presencial. Lo que debemos encontrar es la manera de atender ambas necesidades.

Igualmente, urge atender el bienestar socioemocional de los estudiantes, sus maestros y familias. Las investigaciones señalan que la niñez y juventud en Puerto Rico han manifestado síntomas relacionados a traumas por los desastres naturales que requieren servicios de salud mental. Aun no hay investigaciones similares en la isla sobre el impacto emocional de la pandemia en los estudiantes, pero por lo que hemos escuchado de maestros y familias la necesidad de apoyo socioemocional es una realidad, ahora y para el futuro. El Departamento de Educación (DE) hizo una inversión en psicólogos escolares el año pasado y es fundamental que el programa continúe y nuestros estudiantes reciban esos servicios.

Otro aspecto fundamental en un plan de reinicio de clases presenciales y que ayudaría muchísimo a cimentar la confianza en el DE es la comunicación transparente y constante con las familias de los estudiantes. Sin comunicación, no hay confianza.

Por otro lado, nos parece que dar atención especial a unos grados es un acierto. De Kindergarten a tercero la escuela les ofrece a los estudiantes más pequeños la oportunidad de establecer rutinas, adquirir habilidades académicas fundamentales que asegurarán su éxito en grados posteriores, socializar con sus compañeros y desarrollar relaciones enriquecedoras con los maestros. La educación a distancia es un reto en la escuela elemental. Los niños entre las edades de 5 a 8 años están especialmente en riesgo al exponerse a largos períodos de tiempo fuera de la escuela. Se ha documentado que no solo retroceden académicamente durante tales períodos, sino que sufren social y emocionalmente. Décadas de investigación demuestran que no adquirir las habilidades de lectura pertinentes a su nivel – al finalizar el tercer grado – tiene un impacto negativo en el rendimiento académico posterior, a menos que reciban las intervenciones adecuadas. Estos riesgos se disparan para los niños que viven por debajo del nivel de pobreza, y que representan el 85% de la población K-3 en el DE.

Sabemos que el DE enfrenta retos sin precedentes y que el proceso de recuperación de nuestras escuelas tomará años. La reapertura es solo un primer paso y como parte del proceso deben escucharse y atenderse las preocupaciones y los reclamos de las familias ahora y en todo momento. Es trabajo de todos que nuestros niños tengan acceso a una educación de excelencia para que puedan llevar vidas plenas y juntos podamos lograr que Puerto Rico tenga el futuro prometedor que ellos y todos merecemos.

Columna publicada en endi.com el viernes 26 de febrero de 2021.